Cuando el algoritmo aconseja sobre nuestra salud
- Cirilo Tirado
- 30 jul
- 6 min de lectura
Actualizado: 31 jul

Millones de personas toman decisiones médicas basadas en contenidos que ellas mismas consideran poco confiables
Las redes sociales dejaron de ser solamente espacios para compartir fotografías, opiniones o noticias. También se han convertido en consultorios informales donde millones de personas buscan explicaciones sobre síntomas, medicamentos, dietas, tratamientos, salud mental y enfermedades crónicas.
El problema es que, en estos nuevos consultorios digitales, la información médica aparece mezclada con testimonios personales, publicidad, recomendaciones de influencers, contenido generado mediante inteligencia artificial y publicaciones diseñadas para captar atención, no necesariamente para comunicar evidencia científica. Hemos visto como utilizan figuras con credibilidad para llevar al usuario a comprar un sueño de sanación.
Una investigación publicada en JAMA el 30 de junio de 2026 presenta una radiografía preocupante de esta realidad. El estudio, titulado Use of Social Media for Health Information Among US Adults, fue realizado por Aline F. Pedroso, Lovedeep S. Dhingra, Mariam Khan y otros investigadores vinculados principalmente a la Escuela de Medicina de Yale. (JAMA Network)
Las redes ya forman parte del sistema de información de salud
Los investigadores analizaron los resultados de la encuesta nacional Health Information National Trends Survey de 2024, conocida como HINTS. La muestra incluyó 7,278 participantes y fue ponderada para representar aproximadamente 262 millones de adultos en Estados Unidos. (JAMA Network)
Los resultados muestran la magnitud del fenómeno:
El 87.8% de los adultos informó utilizar redes sociales, equivalente a unos 228 millones de personas.
Entre los usuarios, el 84.8% había compartido información personal o general relacionada con la salud.
El 70.2% había participado en comunidades en línea.
El 21.6%, aproximadamente 47 millones de personas, había tomado alguna decisión relacionada con su salud basándose en contenido encontrado en redes.
El 77.7%, alrededor de 177 millones, consideró falsa o engañosa alguna información de salud encontrada en esas plataformas. (JAMA Network)
La contradicción es evidente: muchas personas desconfían de lo que encuentran en las redes, pero una proporción importante permite que ese contenido influya en sus decisiones.
No necesariamente significa que todas esas decisiones fueron equivocadas. Una persona podría decidir hacer ejercicio, programar una cita médica o solicitar una segunda opinión después de ver una publicación. Sin embargo, el estudio tampoco permite conocer la calidad de la información utilizada ni determinar si las decisiones fueron seguras, correctas o supervisadas por un profesional.
Desconfiamos del mensaje, pero el mensaje todavía nos influye
Los autores señalan que las plataformas digitales funcionan mediante sistemas algorítmicos orientados principalmente a producir interacción. El contenido que provoca sorpresa, miedo, indignación o esperanza puede recibir mayor exposición que una explicación clínica prudente y llena de matices. (JAMA Network)
Aquí radica uno de los grandes riesgos.
Una recomendación médica responsable suele reconocer incertidumbre, diferencias entre pacientes, posibles efectos secundarios y la necesidad de una evaluación individual. En cambio, el contenido que mejor circula en redes con frecuencia promete resultados rápidos:
“Este alimento elimina la diabetes”.
“Los médicos no quieren que conozcas este tratamiento”.
“Haz esto durante siete días y desaparecerá el dolor”.
Ese lenguaje produce atención, pero puede convertir problemas complejos en soluciones engañosamente simples.
La inteligencia artificial puede agravar esta situación. Hoy es posible generar en segundos videos, imágenes, testimonios, voces y textos con apariencia profesional. Una publicación puede parecer escrita por un médico, una institución o un paciente real sin que exista detrás ninguna de esas personas.
Los hispanos aparecen entre los grupos que más toman decisiones
Uno de los resultados más relevantes para nuestra comunidad es el comportamiento de los participantes hispanos.
Entre los usuarios hispanos de redes sociales:
el 82.7% compartió información de salud;
el 71.8% participó en comunidades en línea;
el 27.6% tomó decisiones relacionadas con su salud;
el 70% expresó desconfianza hacia información de salud encontrada en las plataformas. (JAMA Network)
En los análisis ajustados realizados por los investigadores, los usuarios hispanos mostraron una mayor probabilidad de tomar decisiones basadas en información de redes sociales que los usuarios blancos. También fueron menos propensos a expresar desconfianza hacia ese contenido. Estos resultados describen asociaciones estadísticas; no demuestran que la identidad étnica sea la causa del comportamiento ni que las decisiones hayan sido necesariamente perjudiciales. (JAMA Network)
Aunque el estudio no debe extrapolarse automáticamente a Puerto Rico, plantea preguntas importantes para nuestra realidad:
¿Dónde busca información una persona que no consigue rápidamente una cita médica?
¿Qué ocurre cuando el contenido más accesible está en TikTok, Facebook, YouTube o WhatsApp?
¿Quién verifica la información médica que circula en español?
¿Están nuestras instituciones públicas comunicándose con la misma velocidad y claridad que los creadores de contenido?
Educación e ingreso también influyen
La tabla presenta otra señal que merece atención.
Entre las personas que no habían completado la escuela superior, el 34.3% afirmó haber tomado decisiones de salud basándose en redes sociales. En ese mismo grupo, solamente el 56.1% manifestó desconfianza hacia la información encontrada.
Entre quienes tenían educación universitaria o graduada, la proporción que tomó decisiones fue menor, 19.7%, mientras que la desconfianza alcanzó 80.1%. (JAMA Network)
Un patrón semejante aparece al examinar los ingresos. Las personas con ingresos inferiores a $50,000 reportaron más decisiones de salud y menos desconfianza que aquellas con ingresos superiores a $100,000. (JAMA Network)
Esto no significa que una persona con menor educación o ingreso carezca de criterio. Significa que pueden existir diferencias en acceso a servicios médicos, alfabetización digital, disponibilidad de fuentes confiables y capacidad para contrastar una recomendación con un profesional.
La desinformación no afecta solamente a quienes “creen todo lo que ven”. También aprovecha desigualdades reales.
Los adultos mayores conectados participan activamente
El uso general de redes sociales fue menor entre las personas de 65 años o más: 67.9%, frente a 93.7% entre los menores de 65 años.
Sin embargo, los adultos mayores que sí utilizaban redes demostraron una participación considerable. El 88.9% compartió información de salud y el 79.9% participó en comunidades digitales. (JAMA Network)
Para muchas personas mayores, esas comunidades pueden representar acompañamiento, orientación práctica y contacto con otras personas que viven con diagnósticos similares. Pero también pueden facilitar la circulación de remedios sin evidencia, recomendaciones sobre medicamentos y teorías que debilitan la relación con los profesionales de salud.
El reto no consiste en sacar a los adultos mayores de las redes. Consiste en ofrecerles mejores herramientas para evaluar lo que reciben.
No basta con decirle a la gente que “consulte a su médico”
La respuesta institucional tradicional suele limitarse a una advertencia: no crea todo lo que ve en internet y consulte a su médico.
Esa recomendación es correcta, pero insuficiente.
Las autoridades de salud, hospitales, médicos, universidades y organizaciones comunitarias deben ocupar activamente el espacio digital. Necesitan producir información:
comprensible;
rápida;
visual;
culturalmente pertinente;
disponible en español;
adaptada al formato de cada plataforma;
respaldada por fuentes verificables.
También es necesario enseñar preguntas básicas que cualquier usuario debería formular antes de actuar:
¿Quién publica esta información?
¿Presenta evidencia o solamente un testimonio?
¿Está vendiendo un producto?
¿Promete resultados absolutos?
¿Recomienda suspender un medicamento?
¿La misma afirmación aparece en fuentes médicas reconocidas?
¿Puede esta recomendación causar daño si mi diagnóstico es diferente?
La alfabetización sanitaria digital debe convertirse en una herramienta de prevención, de la misma manera que se educa sobre nutrición, vacunación o manejo de medicamentos.
El nuevo desafío de la salud pública
El hallazgo principal del estudio no es que las redes estén llenas de información falsa. Eso ya lo sospechábamos.
El verdadero hallazgo es que la información digital se está convirtiendo en acción.
Millones de personas no se limitan a leer o compartir. Cambian conductas, interpretan síntomas y toman decisiones. Y lo hacen dentro de sistemas tecnológicos que conocen sus temores, intereses y vulnerabilidades, y que pueden utilizar esa información para decidir qué contenido mostrarles.
Por eso, la discusión sobre redes sociales, inteligencia artificial y salud no puede reducirse a un problema tecnológico. Es un asunto de salud pública, educación, acceso a servicios, ética profesional y responsabilidad institucional.
Las redes sociales no sustituirán formalmente al médico. Pero para muchas personas ya están ocupando el espacio que queda cuando el sistema médico tarda, no explica o no resulta accesible.
Y mientras ese vacío exista, el algoritmo continuará ofreciendo respuestas.
Fuente principal
Pedroso AF, Dhingra LS, Khan M, Carter M, Aminorroaya A, Khera R. Use of Social Media for Health Information Among US Adults. JAMA. Publicado en línea el 30 de junio de 2026. doi:10.1001/jama.2026.8682. (PubMed) Este artículo tiene fines educativos y no sustituye una evaluación, diagnóstico o recomendación médica profesional.


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